Yule nos trae…

Yule, solsticio, invierno, 2015, energías, 21, diciembre

Yule es la noche del no tiempo, de la incerteza, del aire que nos toca no sólo la corteza sino que penetra hasta  la esencia. Decimos que la rueda se para porque nos sentimos fuera del tiempo –ni en el pasado, ni en el futuro- apabullados entre la nada y lo que ha de venir. Respirando la esencia de Ella, ahora la Señora del invierno, la querida Dama de las nieves, es fácil vislumbrar lo que hay antes de la vida, lo que fuimos, y alguno de los propósitos de nuestra esencia.
Pasamos la noche larga, larga, envueltos en el manto estrellado de Isthar, Señora de los Cielos; en la oscuridad dónde la luz es cálida, sonriéndonos los unos a los otros frente a la incertidumbre que sentimos. Estamos bien aquí pero es incómodo porque nuestros miedos se levantan de su tumba ante la perspectiva de volver al mundo del tiempo, al mundo físico, a la realidad del día a día. Y así, anhelamos encontrarnos con la familia y los amigos aunque también nos acongojan las disputas que suceden, la incomprensión y la poca empatía que muchas veces nos hacen sentir como extraños en nuestra propia casa, en nuestra propia piel. Los medios hace días que susurrando nos gritan que debemos comprar regalos, ser seres de paz, amarnos por encima de todo… Y en cambio, en nuestro interior resuena el poder abrumador de las tormentas de las altas montañas, como la Dama Mari, y así ¿quién podría mostrarse dulce y suave?

Y es el pesebre, la escena de Natividad y en tantas otras tradiciones que se pasan como cristianas, dónde la clave. Somos la Madre  que está sintiendo la inminencia del parto, las fuertes contracciones, pero nada avanza. Ella es fuerte y se agarra a la luz, a la confianza de que todo irá bien pero a ratos se ve arrastrada a la más profunda desesperanza. Esté es Yule, la más profunda desesperación, el más brillante fe y amor infinito; todo a la vez, y sin conciencia del tiempo.  Y somos también el niño, el que desea que la rueda vuelva a girar, el que quiere entrar en la vida y descubrirlo todo y cumplir mil sueños y proyectos y quién sabe que más… Nacemos solos, parimos solas pero acompañados también por el otro personaje, que también somos nosotros: el que ya ha vivido, el que ya ha experimentado tanto.

Y cuando vemos esto en nosotros despertamos: despierta una nueva conciencia y una nueva mirada de uno mismo, de la vida que nos rodea y cómo vivir siendo parte de Ella.

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